miércoles, 16 de octubre de 2013

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (PDF)

                


Posiblemente La Mancha, para bien o para mal,  no sería  La Mancha sino se le hubiese ocurrido a Miguel de Cervantes escribir  “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”,  siendo  la obra en lengua castellana más universal y mejor valorada de todos los tiempos. Una de las más admirables creaciones escritas del espíritu humano. Reconozco que aunque la primera parte la he leído varias veces, la segunda parte tan solo en dos ocasiones, una en mi juventud y otra en la edad tardía, sin embargo, ahora de vez en cuando, como ya me sé la historia, leo capítulos sueltos de manera anárquica y desordenada,  con independencia de que sean de la primera o segunda parte, algunos varias veces y otros a medias.  



El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha
 La historia comienza: 

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa un ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad… “


Como todo sabemos Don Quijote, acaba perdiendo el juicio de leer tantos libros de caballerías y decide armarse caballero, al igual que los héroes de sus libros y salir por las tierras de La Mancha en busca de aventuras y grandes hazañas. En su camino Quijote confunde la realidad con la ficción. Lo que le ocurrió al pobre caballero de la triste figura le puede ocurrir a cualquiera, todos llevamos un quijote dentro, un sancho, un carrasco…


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